¿Qué es la Renta Fija?: Una Guía básica para inversores

¿Qué es la renta fija y cómo funciona? Descubre qué tipos de riesgos puede conllevar invertir en renta fija. Bonos, letras del tesoro u Obligaciones del estado.

MERCADOS E INVERSIÓN

Aaron Valor Martin

9/7/20265 min read

Invertir también es prestar dinero

Cuando hablamos de invertir, es inevitable pensar en “la bolsa”, en comprar acciones de una empresa o de otra y en intentar que nuestro dinero crezca con el tiempo. Pero las acciones no son la única forma de invertir nuestro dinero y de hacer crecer nuestro patrimonio.

También existe otra posibilidad: prestar nuestro dinero a cambio de recibir una remuneración. Básicamente, recibir más dinero del que invertimos inicialmente.

Imagina que un gobierno necesita financiación para cubrir sus necesidades de gasto o que una empresa quiere conseguir dinero para crecer, construir nuevas instalaciones o desarrollar un proyecto. Una de las formas que tienen estas entidades de conseguir dinero es pidiéndolo prestado a los inversores.

Cuando invertimos en renta fija, en lugar de comprar una parte de una empresa, estamos financiando a un emisor bajo unas determinadas condiciones. A cambio, esperamos recibir una compensación y recuperar nuestro dinero en una fecha establecida previamente, siempre teniendo en cuenta que toda inversión conlleva riesgos.

Que tenga como nombre “renta fija” puede llevarnos a una equivocación. No significa que nuestro dinero esté garantizado, que la inversión no pueda perder valor o que su precio vaya a permanecer siempre igual. Muchos vehículos de renta fija pueden cambiar de precio mientras cotizan en el mercado.

Entender esta diferencia será muy importante, ya que detrás de conceptos como bonos, deuda pública, deuda corporativa, cupones o vencimientos, existe una idea bastante aterrizada: alguien necesita financiación y otra persona está dispuesta a prestarle su dinero a cambio de una rentabilidad.

¿Qué es la renta fija?

La renta fija es un tipo de inversión en la que prestamos nuestro dinero a un tercero, que puede ser una empresa o incluso un gobierno, durante un tiempo determinado y bajo unas condiciones. A cambio, el receptor de tu dinero se compromete a devolverte tu inversión económica inicial, junto a una rentabilidad establecida previamente.

Explicado de una forma sencilla, la operación sería:

Tú → prestas dinero a un tercero → Tercero → te paga una remuneración → recuperas tu dinero junto a una rentabilidad

Aquí es donde siempre digo que existe una diferencia importante respecto a las acciones. Cuando compras una acción, pasas a ser propietario de una pequeña parte de una empresa. Cuando inviertes en renta fija, no estás comprando esa propiedad: estás actuando como prestamista.

Por eso, detrás de la renta fija encontramos una relación bastante sencilla: alguien necesita financiación y alguien está dispuesto a proporcionársela a cambio de una rentabilidad.

Eso sí, las condiciones pueden ser muy diferentes dependiendo de quién emita la deuda, durante cuánto tiempo se preste el dinero y qué remuneración ofrezca. Por eso no toda la renta fija tiene el mismo nivel de riesgo ni ofrece las mismas posibilidades de rentabilidad.

Y aunque normalmente asociamos la renta fija con recibir unos pagos establecidos y recuperar el capital al vencimiento, existe otro elemento que debemos tener en cuenta: estos vehículos de inversión pueden cotizar en el mercado y cambiar de precio antes de llegar a su vencimiento.

Esto hace que entender la renta fija sea algo más que saber que “prestamos dinero y cobramos intereses”. Para comprender realmente cómo funciona, primero tenemos que ver qué ocurre desde el momento en que realizamos la inversión.

¿Cómo funciona la renta fija?

Para comprender cómo funciona la renta fija, lo mejor es verlo con un ejemplo sencillo;

Imagina que una empresa necesita 10 millones de euros para construir una nueva fábrica. En lugar de pedir todo ese dinero a un banco, puede acudir al mercado y emitir deuda para conseguir financiación de los inversores.

Supongamos que tú compras uno de esos títulos por 1.000 euros, con un vencimiento de cinco años y un interés anual del 4 %.

En ese momento, tú estás prestando 1.000 euros a la empresa. A cambio, según las condiciones establecidas, recibirías 40 euros al año en concepto de intereses. Cuando llegasen los cinco años, la empresa debería devolverte los 1.000 euros iniciales.

En este ejemplo, los 1.000 euros serían el capital o principal, los 40 euros anuales representarían el cupón y los cinco años marcarían el vencimiento de la inversión.

La operación puede parecer sencilla, y en su base lo es. Pero hay algo importante: no todos los productos de renta fija funcionan exactamente de la misma manera. Pueden cambiar el plazo, la forma de pagar los intereses, las condiciones de devolución o incluso el tipo de interés que pueden ofrecerte.

Si ese producto de renta fija cotiza en un mercado, no necesariamente tienes que esperar cinco años para recuperar tu dinero. Puedes intentar venderlo antes a otro inversor. Y aquí es donde la renta fija empieza a tener una parte algo más compleja, porque el precio al que podrás venderlo puede ser diferente al que pagaste inicialmente.

Por eso, cuando hablamos de renta fija, no debemos quedarnos únicamente con la idea de “presto dinero y recibo intereses”. Las condiciones de la inversión y lo que ocurra con ella durante el tiempo que la mantengamos también importan.

Aunque la renta fija generalmente se percibe como más segura que la renta variable, no está exenta de riesgos. Factores como el cambio en las tasas de interés o la solvencia del tercero que recibe tu dinero pueden afectar el valor del bono en el mercado secundario.

Tipos de renta fija

Si hablamos de renta fija, en realidad estamos hablando de una gran cantidad de vehículos o instrumentos de inversión que, sinceramente, nos faltarían horas para poder descubrirlos todos a fondo.

Una de las formas que más me ayudó a mi fue, fijarme en quién necesita ese dinero.

Tenemos la renta fija pública, que es la deuda emitida por gobiernos y otras administraciones públicas. Cuando un Estado necesita financiación, puede emitir deuda para conseguir dinero de los inversores. Dependiendo del país y del instrumento utilizado, podemos encontrarnos con productos como letras del tesoro, bonos u obligaciones del estado.

Después está la renta fija corporativa, emitida por empresas. En este caso, una compañía puede acudir al mercado para conseguir financiación y los inversores pueden prestarle su dinero a cambio de una determinada remuneración.

La diferencia puede parecer sencilla, pero es importante entenderla. No es lo mismo prestar dinero a un Estado que a una empresa, ya que la capacidad de cada emisor para devolver el dinero puede ser diferente. Por eso, las condiciones que ofrece cada emisión también pueden variar.

Además, dentro de la propia renta fija existen diferentes plazos, tipos de interés y características. Una letra del Tesoro, un bono de una empresa o una obligación a largo plazo pueden pertenecer a la misma gran categoría, pero funcionar bajo condiciones distintas.

En artículos posteriores podremos entrar en detalle en los diferentes vehículos del mercado de renta fija y en cómo analizar sus características en base a nuestras necesidades y lo que buscamos obtener con invertir en ellos.

¿Qué riesgos tiene invertir en renta fija?

Por mucho que su nombre sea renta "fija", no significa que sea una inversión sin riesgo. Nuestro dinero sigue expuesto a situaciones que pueden afectar a nuestra rentabilidad final. Todas ellas ajenas a tí y que, debes saber interpretar para tener mayor o menos éxito en tus inversiones.

La primera causa de posible riesgo al invertir en renta fija es fácil; el emisor puede tener problemas para devolvernos nuestro dinero. Si hemos invertido nuestro dinero en un bono de empresa y esta atraviesa dificultades económicas, puede tener problemas para pagar los intereses o devolver el capital cuando llegue el vencimiento.

También existe el riesgo de mercado. Si necesitamos vender nuestra inversión antes del vencimiento, su precio puede haber subido o bajado respecto al momento en el que compramos. Podríamos terminar recuperando más o menos dinero del que invertimos inicialmente.

Otro riesgo, del cual parece que la mayoría no conoce de su existencia, es la inflación.

Si nuestra inversión en renta fija nos entrega un 4% anual, pero los precios aumentan un 5%, nuestro dinero no habrá crecido, sino que habrá perdido un 1% de poder adquisitivo en términos reales. En definitiva, la renta fija no significa riesgo cero. Dependiendo del emisor, del producto, del plazo y de las condiciones, el riesgo puede ser mayor o menor, pero nunca inexistente.